Un poco de historia,

¿Habéis leído el Lazarillo de Tormes o el Buscón, de Quevedo? Seguro que sí, los que ya pintamos canas y calvas, nos los hacían leer alguno de los dos, cuando no ambas.

Fueron escritas entre los siglos XVI y XVII y son unas graciosas y simpáticas novelas, pero también el reflejo de una sociedad pobre y desigual, en la cual el objetivo fundamental durante la jornada, era conseguir algo para comer y para ello valía todo.

Creo que esa época, donde la picaresca era el modus operandi de gran parte de la población, quedó impresa en nuestro ADN y si lo observamos con perspectiva nuestro comportamiento no ha cambiado mucho.

Esa forma de vida no hizo más que generar un sentimiento de inseguridad y minusvaloración en cada individuo que ha lastrado la evolución de nuestra sociedad. Desde un punto de vista metafísico podríamos decir que el paradigma del miedo se había instalado en la opinión pública de la época; miedo a no tener para comer, miedo por el futuro de los hijos, miedo por la salud, miedo a la iniciativa empresarial, etc.

Claros ejemplos han sido y son, el nepotismo y el oportunismo que tanto nos ha caracterizado. ¿Quién no ha sido aconsejado por sus padres y familiares?, como «hijo mío, sácate una oposición para que tengas un salario fijo» o «voy a llamar a Fulanito que es director de Nosequé para que te coloque». ¿Y todo por qué?,…. por el miedo

Obviamente eran y son consejos con la mejor de las intenciones, pero también consejos que limitaban y, sobretodo, coartaban cualquier iniciativa de un individuo mermando su autoestima.

Pero también hemos de decir que la situación va cambiando.

Ahora, avancemos hasta del siglo XVIII. James Watt inventa la máquina de vapor, de múltiples aplicaciones; en el transporte, en la industria y en la agricultura; la Revolución Industrial estaba en marcha. Este avance tecnológico permitió la mejora de las condiciones y calidad de vida de las personas, aunque el excesivo ánimo de lucro de los empresarios, la inexistencia de una legislación que defendiera los derechos laborales y unas pésimas condiciones de vida para la clase obrera, derivó en las futuras revoluciones sociales que sufrió Europa a finales del siglo XVIII e inicio del XIX.

Ese comportamiento empresarial y legal acentuó sobre las posteriores generaciones aquel paradigma del miedo del que hablábamos; miedo a la incertidumbre, inseguridad, falta de autoestima y en consecuencia infelicidad.

Sigamos en el siglo XIX, poco a poco las monarquías absolutistas iban cayendo, salvo la nuestra, que lamentablemente nos ocasionó un importante retraso en cuanto al desarrollo tecnológico e industrial y obviamente en lo social. La clase social trabajadora no podía ni plantearse llevar a cabo una iniciativa empresarial y menos aún con el nivel de analfabetismo que tenía, en consecuencia la cultura de la picaresca seguí anclada en nuestro ADN y el paradigma del miedo nos mantenía encadenados.

La primera mitad del siglo XX reflejó el colapso de esa situación: la depresión del 29, las dos guerras mundiales, cientos de enfrentamientos entre naciones y una guerra civil, la nuestra. Los delirios de grandeza del fascismo y del comunismo supuso el sometimiento y la muerte de millones de personas, dejando una época de tensiones por la guerra fría.

Un nuevo paradigma

Aquel paradigma del miedo; aquel conjunto de ideas, prejuicios y creencias que han estado coartando y limitando nuestras capacidades de desarrollo, tanto como profesionales como personas, puede superarse, hay un camino para vencerlo, y es el Autoconocimiento.

El desarrollo personal debe ser el nuevo paradigma que sustituya al paradigma del miedo que hasta ahora ha estado dominando a la sociedad.

La intención de esta web, y fundamentalmente de su blog, es contrastar y analizar las consecuencias que esa herencia ha dejado sobre nuestra sociedad. 

Es obvio que los empleados de una empresa, desde los puestos más inferiores en su organización hasta sus directivos, CEO’s, consejeros, etc., tienen un objetivo común; mantener y hacer crecer la empresa, con la intención de aumentar sus nóminas y beneficios para mejorar las condiciones de sus vidas y familias.

Pero este concepto económico está siendo superado, el aumento de la conciencia social ha despertado otras necesidades, como la autorrealización personal, el aprendizaje dentro de la empresa o el reconocimiento y aprovechamiento del talento identificado en los empleados.

Estas necesidades han de ser atendidas y satisfechas con un sencillo objetivo; conseguir el bienestar personal e interior en cada uno de sus empleados al mismo tiempo que se mejoran los resultados empresariales.

Es de dominio público la peculiaridad de las oficinas de empresas, sobre todo multinacionales del sector de las TIC, donde encontramos instalaciones de tipo lúdico para los empleados, zonas de descanso, videojuegos, guarderías para compatibilizar familia y trabajo, salas de mindfulness, etc.

El objetivo de este cambio de filosofía empresarial es que el empleado se encuentre en las mejores condiciones para obtener su máximo rendimiento y compromiso para y con la empresa.

Cubrir estas necesidades implica atender una serie de cambios sistémicos los cuales afectarán a organización, procedimientos, protocolos y responsabilidades dentro de la empresa. Ante este nuevo panorama nos hemos de preguntar; ¿Cómo podemos conseguirlo?

Nuestro Objetivo

Nuestra intención no es otra más que ayudar y acompañar a toda aquella empresa o persona a encontrar su objetivo a través de los procesos de cambio que deban llevar a cabo.

Para ello utilizaremos todos los recursos que nos dan las técnicas de Project Management y del Coaching, pues consideramos que la combinación de ambos pueden hacernos conseguir nuestros sueños.